Programa Nacional Fronterizo
(el caso de Ciudad Juárez)

Por: Wilebaldo L. Martínez Toyes*

Introducción

    El Programa Nacional Fronterizo (Pronaf), es una institución singular fundada en 1961 durante el mandato del presidente Adolfo López Mateos, y no obstante su dependencia con el Gobierno Federal, se consideró como una institución descentralizada. La razón por la cual se creó el citado programa respondió a la necesidad de elevar el nivel económico, urbanístico, funcional y cultural en todas las poblaciones fronterizas de México, tanto en la frontera norte con Estados Unidos como en la frontera sur con Guatemala.
(Pronaf: 963:6)

    Este proyecto trajo consigo la inversión de grandes sumas de dinero, otorgando con ello  beneficios a ciudades de la frontera norte como Mexicali y Tijuana en Baja California Norte; Nogales en Sonora; Piedras Negras en Coahuila; Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros en Tamaulipas; y Ciudad Juárez en Chihuahua. En Ciudad Juárez podemos observar varias obras que se edificaron  durante la era Pronaf, tal como son los casos de las urbanizaciones de algunas avenidas y puentes, Abraham Lincoln y calles adyacentes, la avenida Adolfo López Mateos, el puente de la amistad (puente de Córdova) y el Museo de Arte e Historia entre muchas obras más.

    El análisis de las principales acciones del Pronaf para Ciudad Juárez, es un tema que toca discutir en el presente trabajo. El documento se divide en ocho partes seguidas a esta breve introducción. En la primera se reconoce la necesidad que tienen las fronteras de presentar un panorama más alentador en los aspectos económicos, sociales y culturales, a la vez, se retoman las ideas del gobierno mexicano por acelerar el dinamismo de las ciudades fronterizas. En un segundo apartado se desagrega información perteneciente a la creación del Pronaf. En la tercera se presentan los objetivos que se pretendían alcanzar con la puesta en marcha del mencionado programa. En la quinta y sexta partes se mencionan los nombres de los actores que conformaron la comisión de asesores, así como los planos reguladores que se tuvieron que llevar a cabo para la puesta en marcha del Pronaf. En el apartado siete, se presenta un cuadro con información sobre el destino de las inversiones del programa en distintos años y en las principales ciudades; luego se detallan las principales obras materiales que se desarrollaron en Ciudad Juárez, además de las implicaciones que ello tuvo en el nuevo rostro de la ciudad. Por último, en el punto ocho se dan algunas conclusiones y se hacen algunas consideraciones finales.

 

I. Antecedentes

    La frontera de México con Estados Unidos es una faja que comprende 2,597 kilómetros que van desde el Golfo de México hasta el Oceano Pacífico, y abarca 6 estados mexicanos y 4 del lado americano.  En 1960, en la zona norte habitaban 5 millones de mexicanos. La frontera norte ha sido uno de los principales focos de atracción demográfica del país, lo que ha determinado, con el paso del tiempo una presión intensa sobre el mercado de trabajo. Otro elemento presente era que dicha población percibía un ingreso superior al promedio nacional y ejercía una intensa demanda de bienes y servicios, buena parte de los cuales adquiría en las ciudades fronterizas norteamericanas. Otro factor latente era la ocurrencia de millones de cruces internacionales, de los cerca del 40% eran norteamericanos. Podría suponerse que siendo vecinos del país más poderoso y rico de la Tierra, y con este intercambio tan intenso, se obtendrían grandes beneficios de orden económico. La realidad era distinta: el beneficio había sido para las poblaciones norteamericanas, con deterioro de la economía fronteriza mexicana.

    Frente a las anteriores circunstancias, y con el logro de los cambios de orden social y fincada la estabilidad política, México comenzó a pensar en los problemas de gran índole, entre los cuales se consideraron los económicos. Discursos como el siguiente se escuchaban en ese entonces

    “sabemos que nuestra frontera se encuentra a grandes distancias, que carece de medios adecuados de comunicación y de transporte, y que nuestra industria es incipiente, todo lo cual hace poco menos que imposible pensar en el rescate de nuestro mercado, en tanto continúa el enriquecimiento de las poblaciones fronterizas 'del otro lado' y el empobrecimiento de las poblaciones fronterizas mexicanas”
(Bermudez, 1966).

    Otro aspecto presente en el gobierno mexicano, era el creciente consumo de productos extranjeros, al cual se siguió fomentando más, en vez de ser combatido. Con demasiada frecuencia, en muchos sectores se dilapidaban millones de pesos en compras en el extranjero, y esto no parecía causar mayor preocupación. En la clase acomodada faltaba frecuentemente el espíritu cívico, y casi no existían antecedentes en ella como en otros países de algún sacrificio por el bien y la grandeza de la patria.
(Bermudez, 1966).

    La complejidad de factores socioeconómicos de la frontera norte, determinó que México adoptara diversas medidas encaminadas a integrar la zona fronteriza a la economía nacional, tales como el régimen de zonas y perímetros libres establecidos; esfuerzos para reducir la importación doméstica de los habitantes de la zona fronteriza; y concomitantemente, medidas para evitar que las importaciones fronterizas se filtraran ilícitamente al interior del país: el fomento del turismo fronterizo y el programa de industrialización fuera de las zonas y perímetros libres, también orientado a la exportación.
(Pronaf, s/f)

    No sólo las zonas libres, sino toda la frontera, sufría una fuerte demanda de productos y servicios extranjeros, lo que significó, en su momento, una sangría considerable para la balanza de pagos mexicana. Ya en 1960, los egresos por este concepto que se registraban en la cuenta de salidas por transacciones fronterizas de la balanza de pagos, ascendieron a 221 millones de dólares; diez años antes, en 1950, alcanzaban apenas 76.5 millones. De esta suerte, las importaciones fronterizas crecieron entre 1950 y 1960 a una tasa media anual de 11.2%, y entre 1960 y 1970, a una tasa media del 8.4%. Gran parte de ese crecimiento obedeció al aumento de la población, pero también al ascenso en el ingreso disponible.
(Pronaf, s/f)

    Por otra parte, aunque la cifra global de egresos por turismo y transacciones fronterizas no reflejaba fielmente la demanda de productos y servicios extranjeros de los habitantes de las zonas fronterizas, ya que incluía muchos artículos que no se consumían en esa zona, sino que se filtraban ilegalmente al resto del país, sí constituían un indicador útil de la magnitud de la demanda que en condiciones ideales, debió haber sido satisfecha por la producción nacional. (Pronaf, s/f). Estos hechos constituyeron un verdadero desafío comercial para México. Por razones de integración económica territorial y por la descapitalización reinante, no era saludable que uno de los mercados de más rápido crecimiento cuantitativo del país, y de mayor dinamismo, fuera atendido en gran proporción por satisfactores y oferentes extranjeros.

 

II. La creación del Pronaf

    El presidente López Mateos y el secretario Ortiz Mena iniciaron el rescate de los mercados fronterizos. Congruente con la política de integración económica, crearon en 1961 el Pronaf, lo concibieron como un organismo de desarrollo regional, que impulsara a las zonas fronterizas del país a través de sus directrices de desarrollo económico y de bienestar social, con el objeto de lograr equilibradamente un racional consumo regional de artículos y servicios producidos en México, compitiendo en precio y calidad con los del exterior. También se biscaba que el Pronaf participara en lo posible en el abastecimiento del mercado de consumo estadounidense; que incrementara cuantitativa y cualitativamente el turismo, induciéndolo a permanecer más tiempo-consumo en nuestro país; que lo convocara para que se internara dentro del territorio nacional, promoviendo una derrama más generalizada y saludable de su gasto; y atrayendo sectores del consumo estadounidense hasta ese momento escasamente explorados: el turismo familiar, el turismo deportivo y el de grupos organizados.

    Auspiciaba igualmente, en el ciudadano mexicano, la afirmación de una conciencia fronteriza mexicana más robusta y de un conocimiento más cabal de lo que México ha sido, es, hace y a lo que aspira como comunidad nacional, dotada de raíces históricas profundas y legítimamente propias.
(Pronaf, s/f)

 

III. Objetivos del Pronaf

    Los objetivos básicos del Programa Nacional Fronterizo fueron desde un principio los siguientes:
(Bermudez, 1966)

I. Elevar el nivel de vida de los habitantes de las regiones fronterizas, mejorando el ambiente en que viven y procurando conseguir que sus ingresos y con ello su economía, tengan la mayor estabilidad posible.

II. Que el consumo de las regiones fronterizas se refleje en un importante incremento de la producción nacional, ampliando la capacidad de las industrias ya existentes y estableciéndose nuevas empresas industriales.

III. Por cuantos medios sea posible, promover la creación de nuevas fuentes de ocupación en las regiones fronterizas; pero que la idea de abastecer con productos nacionales nuestro mercado, sea la meta principal.

IV. Transformar el ambiente de las poblaciones fronterizas creando atractivos culturales y recreativos, con la idea de estimular al máximo las corrientes turísticas, en particular el turismo familiar, lo que sólo podrá lograrse con un medio de orden y moralidad.

V. Llevar a las zonas fronterizas toda la gama de la producción artesanal de las diversas regiones de nuestro país, destacando su indiscutible valor artístico.

VI. Al ofrecer nuestras artesanías, y en vista de que la frontera de nuestro país con Estados Unidos es a la vez frontera de América Latina, también ofrecer allí los productos de los países hermanos de Centro y Sudamérica.

VII. Cambiar la apariencia física de las poblaciones fronterizas en beneficio de la fama y buen nombre de México, ya que estas poblaciones constituyen las puertas de entrada a nuestro país y son la primera impresión que recibe tanto el mexicano que regresa a su patria, como el extranjero que nos visita. Esto tiene, además, el propósito deliberado de disminuir hasta borrar, los contrastes deprimentes y en ocasiones denigrantes, que han existido entre las poblaciones nuestras y las norteamericanas.

VIII. El nivel cultural de la zona fronteriza debe ser objeto de una constante superación, poniendo especial interés en la preparación técnica de sus habitantes para aprovechar la habilidad innata del mexicano en las nuevas industrias que se establezcan. Además, debe arraigarse la población escolar mexicana para que no tenga necesidad de acudir a los planteles del lado estadounidense por falta de cupo en los nuestros.

IX. Poner atención especial en la exaltación de nuestros valores históricos, nuestro idioma, artes y folclore, con la idea de atraer estudiantes extranjeros que se interesen en adquirir esos conocimientos, y que en la actualidad acuden con ese fin a Acapulco, San Miguel de Allende y la Ciudad de México.

X. Por cuantos medios sea posible, lograr que los productos de nuestra industria nacional concurran a las zonas fronterizas en condiciones adecuadas de máxima calidad, precios razonables, abastecimiento oportuno y suficiente. Sustituir importaciones, que por lo que respecta a nuestra balanza comercial y a nuestra balanza de pagos, equivale a llevar a cabo exportaciones.

 

IV. Comisión asesora

    Otro de los pasos importantes en este proceso, fue la formación del comité de asesores, en el cual habrían de figurar personas como los señores licenciados Octaviano Campos Salas y Sergio Luis Cano; los señores Nathaniel Gravinsky, Armando Vega y Benito Berlín, representantes del Banco de México, S. A.; el licenciado Juan Sánchez Navarro, don Ramiro Alatorre, don Enrique Ayala Medina, el licenciado Manuel Fernández Landero, don Pablo Morera, don Miguel Blázquez, don Juan Martínez del Campo; y el ingeniero Antonio Gutiérrez Prieto, en representación de las Cámaras Industriales, de Comercio y de la Construcción.
(Bermudez, 1966)



V. Planos reguladores

    El Programa Nacional Fronterizo necesitaba en sus inicios conocer a fondo las características y los problemas de las ciudades fronterizas para llevar a cabo, con bases técnicas, las metas y los objetivos para los cuales fue creado. En ese sentido, la magnitud de las obras que debería emprender obligaban al Pronaf a planear y situar los proyectos de acuerdo con el desarrollo que deberían tener las ciudades fronterizas. Con ese fin se propuso la elaboración, en coordinación con la Secretaría del Patrimonio Nacional, de los planos reguladores.

    Se organizó la Comisión Mixta del Desarrollo Urbano Fronterizo y se invitó a participar en ellas a representantes de las diferentes Secretarías de Estado, del Banco de México, de Ferrocarriles Nacionales y de diversos organismos. En la elaboración de los planos reguladores se establecieron los puntos básicos que harían factible una política de planeación urbana, que permitiese el estudio realista y metodológico de las ciudades para poder datarlas de obras y servicios colectivos
(Bermudez, 1966).

 

 VI. Inversiones del Pronaf

PRONAF:  Inversión del 1 de febrero de 1961 al 30 de noviembre de 1965

TIPO DE INVERSIÓN

INVERSIÓN PARCIAL

INVERSIÓN TOTAL

Inversión total

 

$ 411´111,817.29

Inversión por años

 

 411´111,817.29

1961

36´390,361.16

 

1962

59´746,160.20

 

1963

67´514,406.73

 

1964

159´618,062.31

 

30 de noviembre de 1965

87´842,826.89

 

Inversión por ciudades

 

362´782,000.21

Ensenada, B. C. y Punta E.

58´268,962.94

 

Tijuana, B. C.

37´169,492.61

 

Mexicali, B. C.

23´172,764.64

 

Nogales, Son.

60´259,399.43

 

Ciudad Juárez, Chih.

114´872,274.81

 

Piedras Negras, Coah.

25´092,464.40

 

Matamoros, Tamps.

43´945,641.38

 

Inversión en terrenos

 

82´369,201.24

Inv. en construcción y urbanización

 

280´412,798.97

Inv. en gtos. Admtivos.

 

45´960,496.49

 Fuente: Antonio J. Bermudez, 1966.

 

VIII. Obra material en Ciudad Juárez

    En Ciudad Juárez, Chihuahua, se realizó una importante inversión en la obra de urbanización, incluyendo el gran boulevard Abraham Lincoln, el anillo envolvente del Pronaf, la pavimentación de calles, la construcción del Hotel Camino Real, la edificación de la sala de convenciones, el Museo de Arte e Historia, supermercado Del real, Lienzo Charro, el Monumento a Lincoln, la avenida López Mateos que comunicó la zona más poblada de Ciudad Juárez que antes se encontraba aislada, la construcción del Puente de la Amistad (que ligó corte de Córdova y la avenida Lincoln), así como la ampliación y pavimentación del Puente Internacional Zaragoza-Isleta,  lo que facilitó notablemente el tránsito de vehículos entre México y Estados Unidos.

     En su momento, las obras realizadas por el Pronaf en Ciudad Juárez, fueron reconocidas por el gobierno y los visitantes que se daban cita en el lugar. En esa línea se podían escuchar relatos  como el siguiente: “Con las obras realizadas por el Pronaf, se ha efectuado un cambio que beneficia a ambas ciudades (Juárez-El Paso); el gran mercado de artesanías constituye un gran atractivo, en el mismo caso se encuentra el museo de arte e historia, un edificio muy bello de artística y moderna arquitectura que es admirado por cuantos lo visitan; el Hotel Camino Real, que puede considerarse como uno de los cinco mejores en la República Mexicana, con un estilo y ambiente muy mexicano, cuya clientela es en su mayor parte norteamericana; el centro comercial y el supermercado muy amplios y de estilo y líneas modernistas; todos esos edificios cambiaron la fisonomía en el aspecto comercial de Ciudad Juárez; la avenida Lincoln une el conjunto de obras del Pronaf con la puerta internacional de entrada en la línea divisoria, por último, el hipódromo-galgódromo, promoción del Pronaf.”
(Bermudez, 1966)

    Por otro lado, para gente como Jorge Bustamante (1975) resulta importante señalar que el parque industrial administrado durante la era Pronaf, sirvió en mucho para que las maquiladoras se instalaran y dieran paso a una promoción de la ocupación en zonas con fuerte presión demográfica; se incrementaran los ingresos de divisas, fortaleciendo la balanza de pagos; se generaran empleos de carácter industrial, capacitando personal extraído en gran medida de las actividades primarias; se ampliara el mercado de los productos nacionales al haber una fuerte derrama de ingresos en la zona; se aumentara el movimiento comercial bancario y de servicios, así como el turismo;  se terminara con el prejuicio respecto a la calidad de la mano de obra mexicana; se aumentara la recaudación fiscal a todos los niveles como efecto de la ampliación de actividades económicas, y se promoviera la inversión en ramas económicas auxiliares.

 

VIII. Conclusiones

    Hemos visto a lo largo de este documento que el Programa Nacional Fronterizo fue un intento del Gobierno Federal por cambiar los aspectos urbanísticos, funcionales y culturales en las fronteras mexicanas, así como de reactivar su economía. En el caso concreto de Ciudad Juárez, vimos como la inversión se hizo patente en obras de beneficio directo para la ciudadanía, pero también en obras que alentaron el turismo y el surgimiento de actividades que ayudaron a expandir la economía juarense.

      Si bien es cierto que ocurrieron las cuestiones mencionadas anteriormente, hoy en día Ciudad Juárez sigue dependiendo, igual o más que antes, de los productos extranjeros, sobre todo de la vecina ciudad de El Paso, Texas. Es decir, la población juarense ha formado una liga inquebrantable de dependencia por compras de productos, vehículos, combustible etc., que más que ayudar a subsanar y fomentar su producción local, demuestra todo lo contrario.

      Por otra parte, habría que reconocer que las obras llevadas a cabo en Juárez sirvieron como trampolín para que se diera de forma acelerada el crecimiento demográfico, la urbanización y el relativo crecimiento económico de la ciudad, principalmente por el establecimiento de la industria maquiladora de exportación, que se instaló en ella en 1965, a través de otro programa de envergadura nacional: el Programa Industrial Fronterizo.

 Bibliografía

         Bermúdez, Antonio J., El rescate del Mercado Fronterizo, Ed. Eufesa, México, 1966.

            Bustamante, Jorge, “El programa fronterizo de maquiladora: observaciones para una evaluación”, en Foro Internacional, Colmex, vol. XVI, octubre-diciembre de 1975, No. 2.

         Guía Comercial, Cámara Nacional de Comercio en Pequeño, 16 de junio de 1965, II época, No. 1.

         Programa Nacional Fronterizo, Suplemento, 25 de septiembre de 1963, vol. 3, No. 28.

         Programa Nacional Fronterizo, México, D. F., s/f.

 

* Estudiante del Programa de Doctorado en Estudios de Población, en el Centro de Estudios Demográficos y de Desarrollo Urbano de El Colegio de México.

 

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