La Industria Maquiladora de Ciudad Juárez

Por: Guadalupe Santiago Quijada

 

Antecedentes de la Industria Maquiladora.

    A partir de la década de los años cuarenta Ciudad Juárez experimentó un gran crecimiento, originado principalmente por el incremento del turismo, el comercio en la frontera y la migración. Se vio reflejado en la instalación de diversas industrias locales, casi todas fábricas pequeñas de aceite y grasas, manteca, jabón, medias, hilados, escobas, molinos de harina, despepitadoras de algodón, la destilería de whiskey, entre otras.[1].

  Sin embargo, estas actividades se truncaron en parte por el inicio de la segunda guerra mundial, cuando se demandaba mano de obra en abundancia, lo cual provocó la migración a Estados Unidos. Por otro lado, la guerra propició la concentración de soldados en Fort Bliss, mismos que visitaban Ciudad Juárez y requerían otro tipo de actividades en las ramas del turismo y los servicios. Se creó -aunque ya existían precedentes- una fuente de empleos y la entrada de divisas por esta vía, que finalmente dieron origen a la transformación de las actividades económicas de la ciudad.

El programa de braceros

    En 1942 se estableció el Programa Bracero, ante la necesidad de la economía norteamericana de contar con mano de obra agrícola. Ello generó una gran movilización de braceros e indocumentados, fundamental en el crecimiento acelerado de las ciudades fronterizas. La demanda de mano de obra era tal, que en 1951 se aprobó la Ley Pública 78, en la que se estableció el Acuerdo Internacional sobre Trabajadores Migratorios, conocido como el Programa de Braceros. Este acuerdo intentaba controlar la inmigración de trabajadores agrícolas para su contratación temporal en territorio estadounidense.

    A principios de los años sesenta la actividad agropecuaria de la región sufrió un grave descenso, que generó que muchos braceros quedaran desocupados. También, llegaron de manera masiva miles de trabajadores deportados de Estados Unidos que no regresaron a sus lugares de origen y se establecieron en Ciudad Juárez. De esta manera, a principios de los sesenta, ante el poco impulso de la actividad turística por el fin de la guerra y el descenso de la contratación de braceros, se fue generando un gran desempleo en la ciudad.

    La situación se agravó con el descenso de la actividad agropecuaria de la región, principalmente de las labores agrícolas del Valle de Juárez. Finalmente, a principios de 1965 se canceló el Programa Bracero, lo cual generó millares de desocupados y de trabajadores deportados. La industria tradicional ya no resultaba tan productiva; en 1960 sólo prevalecían en la ciudad 14 empresas que se encontraban dispersas. Algunas se ubicaban en el centro y otras en el Valle de Juárez. Por otra parte, ante la partida de los soldados, la industria de la diversión decayó considerablemente.

    Ante esta situación, a partir de la década de los 60 el gobierno federal inició una serie de programas, como el Programa Nacional Fronterizo (PRONAF) (1961), la introducción de los "artículos gancho" (1971) y el Programa de Industrialización Fronteriza (PIF) (1965). Mientras las dos primeras medidas se orientaban a la reactivación y al impulso del turismo, buscando la retención de los compradores del lado mexicano, el PTF surgió con la intención de contrarrestar el desempleo generado por el término del Programa de Braceros, así como del proceso de internacionalización de los grandes capitales y de empresas transnacionales.

Breve historia de la industria maquiladora

Instalación

    En 1965 se aprobó oficialmente el impulso de la indus­trialización de la frontera mediante el PIF, que consistió básicamente en la instalación de fragmentos de los procesos productivos de empresas industriales estadounidenses que requerían de uso intensivo de mano de obra.[2] En Ciudad Juárez el PIF fue promovido por un grupo de inversionistas locales. Según Thomas Madison, fue Anto­nio J. Bermúdez quien contrató a la consultoría Arthur D. Little de México, S.A. (ADL) para estudiar la situación de la ciudad y recomendar una estrategia de desarrollo.[3] El reporte fue emitido en 1964 y "recomendó una estrategia basada en la creación de empleos que requirieran poca experiencia y bajo costo para servir al mercado estadounidense".

    En este mismo documento se introdujo el término de "plantas gemelas", que expresaba el potencial de este proyecto, "donde una sola gerencia podría manejar una planta de alta tecnología de capital intensivo en los Estados Unidos y una planta de uso intensivo de mano de obra en el lado mexicano", al cual se agrega el costo tan bajo de la mano de obra mexicana.[4] En los primeros años, la maquiladora tuvo en nuestro país un crecimiento lento pero sostenido, de modo que para 1969 eran 147 las empresas registradas bajo el régimen del PIF y 17 mil el número de empleados.[5]

    En 1969 México se había convertido en el país maquilador más importante, "ocupaba el tercer lugar en importancia, sólo detrás de Alemania occidental y Canadá, adelante de Honk Kong, Taiwán y Corea, así como de los demás países europeos".[6] Para 1970 en Ciudad Juárez se encontraban instaladas 22 empresas que daban empleo a 3135 trabajadores."[7] El origen del capital de las primeras empresas maqui­ladoras que se instalaron en Ciudad Juárez fue cien por ciento extranjero, entre ellas RCA, Coilcraft, Hatch, Vestamex y Acapulco Fashion.

    Algunas empresas mexicanas también se acogieron al régimen de importación temporal de la maquiladora, como Maderas Selectas y Molduras, Maderería del Valle y Molduras de Pino. Al iniciar la década del 70 la industria maquiladora mostraba ya su gran importancia. En un acuerdo establecido en 1971 se creó el marco legal del fomento a la industria maquiladora. El gobierno de Luis Echeverría ratificó la decisión de estimular a la industria maquiladora y de considerarla como eje prioritario de desarrollo en las ciudades fronterizas, aunque ésta permaneciera desligada del proceso de desarrollo nacional.

    Las ventajas que ofrecía para la frontera así como las necesidades de la industria estadounidense, son quizá los factores más importantes que explican la instalación y desarrollo de la maquiladora. A principios de 1971 empezaron a llegar empresas dedicadas al ensamble de artículos eléctricos y electró­nicos, como Convertors, Sylvania, Centralab, AMF y Ampex, y las dedicadas a la industria textil y del vestido.[8] Este crecimiento aumentó considerablemente y siguió durante 1972, 1973 y 1974.[9]

    La crisis estadounidense de sobreproducción y reducción de ventas que afectó la economía de ese país, se vio reflejada en las maquiladoras. Tuvo distintas manifestacio­nes en las diferentes plantas maquiladoras de Ciudad Juárez: cierre de plantas, despidos masivos, suspensiones temporales y reducciones en la jornada de trabajo. Esto ayudó a los empresarios de la maquiladoras a evitar el pago por indemnizaciones a los trabajadores de acuerdo a lo estipulado en la Ley Federal del Trabajo.

 

Crisis

    En agosto de 1974 cerró la primera maquiladora, Trans­former de México, la cual generaba 300 empleos directos.[10] Para octubre del mismo año, mil obreros se habían quedado sin empleo por reajustes en las fábricas. Algunas empresas que cerraron fueron Icamex, General Instrument y Rowemex. Otras recurrieron a estrategias diferentes: la empresa Centralab durante seis meses redujo la jornada de trabajo mediante un acuerdo con los trabajadores ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. La empresa Essex Internacional de Chihuahua en seis meses suspendió a 79 obreros y mantuvo laborando a 371 sólo tres días a la semana con un pago proporcional.[11]

    La crisis se agudizó a fines de 1974 y las suspensiones temporales se generalizaron.[12] Para la segunda mitad de 1975, parecía que la crisis de la maquiladora terminaba. Según afirmaciones de José María González Montejano, representante local de los industriales de la maquiladora, en septiembre de ese año ocho maquiladoras habían suspendido operaciones por la recesión y ya se habían abierto seis nuevas empresas. Además habían regresado a sus empleos 80 por ciento de los trabajadores suspendidos,[13] lo que significaba la supera­ción de la crisis y una recuperación de los empleos.

    Entre 1976 y 1977 se presentó una estabilidad en el empleo y la instalación de algunas plantas maquiladoras.[14] El gobierno federal otorgó nuevas concesiones a los industriales de la maquiladora, entre las que se contaban la autorización para que se invirtiera cien por ciento el capital extranjero, importación exenta del pago de derechos de maquinaria, equipo, materia primas -todo ello sujeto a la reexportación-, y la creación de fideicomisos para que esas industrias utilizaran bienes raíces en la frontera.[15]

    De acuerdo a una caracterización que hace Reygadas sobre la industria maquiladora hasta antes de 1980, las plantas nacionales que se acogieron al régimen de maquiladora se dedicaron a realizar actividades tradi­cionales (muebles, molduras de madera, prendas de vestir, juguetes) y los productos se destinaban a la distribución para el mercado regional. Hubo otro grupo de maquiladoras, que eran parte de empresas matrices que fragmentaron los sistemas de producción y realizaban en la ciudad tareas de ensamble, que requerían de mano de obra a gran escala. Se trataba básicamente de 48 maquiladoras de la industria de la electrónica, de autopartes y servicios.

 

Nuevo periodo de crecimiento

    Una vez superado el estancamiento de 1976 y 1977 y ya con nuevas ventajas, a principios de 1978 la maquiladora inició un periodo de crecimiento; presentó nuevas características en la composición de las ramas de la industria. En julio del mismo año se habían abierto 16 nuevas plantas, generando un total de más de 1,089 empleos.[16] Iniciaron sus operaciones las primeras empresas de autopartes; el 12 de diciembre de 1978 se instaló una filial de la General Motors, la empresa Compañía Armadora.[17] Casi al mismo tiempo la Chrysler de México también puso a funcionar una ensambladora de arneses eléctricos, con una inversión de 150 millones de pesos.[18]

    La industria automotriz llega a tener tanta importancia, que para 1988 existían en el estado 46 plantas que producen arneses, además de otras que producen vestiduras para automóviles, cinturones de seguridad, etcétera.[19] A nivel local, el principal apoyo otorgado a la industria maquiladora fue la creación de parques industriales y la dotación de servicios públicos. Para 1980 existían ya en Ciudad Juárez cuatro parques industriales: Antonio J. Bermúdez, que alojaba 26 plantas, P.I. Juárez con 14; Befer con 7 maquiladoras; y Río Bravo con 5 plantas.

 

Segunda crisis  

    A principios de la década de los 80 y por segunda ocasión desde su instalación, la maquiladora sufrió una crisis a consecuencia de la recesión económica en los Estados Unidos. Nuevamente, debido a la falta de materia prima o la sobreproducción, se generaron despidos masivos.

    Como en la ocasión anterior, las maquiladoras optaron por suspensiones temporales o totales, recurrieron a reducir la jornada laboral a una semana de trabajo de cuatro y hasta tres días, comprometiéndose a pagar sólo parte de los salarios.[20] Sin embargo, hasta la segunda mitad de 1981 se registraron cierres de plantas, con despidos masivos en empresas como Acapulco Fashion, Samsonite, Ampex, SESA y Tubos Eléctricos.[21]

    Para enero de 1982 aún había maquiladoras con problemas laborales que optaron por recurrir a la reducción de la jornada del trabajo, previo acuerdo o negociación entre el patrón y los trabajadores, sobre la forma de pago.[22] La devaluación de 1982 sin embargo, proporcionó a la maquiladora francas ventajas: redujo a la mitad los costos de la mano de obra, los gastos de operación e inversión. Se inició nuevamente la recuperación.

    Después de las drásticas devaluaciones del segundo semestre del año, tras las cuales el valor del dólar se había incrementado de 25 a 150 pesos (más de 500%), y del cambio de gobierno y de la política económica en México como consecuencia de la salida de José López Portillo y la llegada de Miguel de la Madrid, las condiciones habían cambiado. A principios de 1983 la industria maquiladora instalada iniciaba un nuevo periodo, el de mayor auge y crecimiento a la fecha, en el que se modifica ya sustancialmente el contenido y el carácter estructural de dicha industria.

 

Recuperación y consolidación.

    En febrero de 1983 Hector Lara, director de Desarrollo Económico de Ciudad Juárez, afirmaba que la maquiladora se encontraba trabajando al 85 por ciento de su capacidad.[23] Para principios de 1984 Banamex consideraba que ese sería el año de "consolidación de la maquiladora en México". Se inició la llegada de lo que mas adelante se denominaría "nuevas maquiladoras". En la ciudad de Chihuahua grandes compañías comenzaron sus operaciones con maquinaria y equipo de alta tecnología, como Control Data, Data General, Digital, IBM y Packard Electric.[24]

    Una de las características de la maquiladora en Chihuahua es que el tipo de industrias que se instalan es de las llamadas de "segunda generación", que combinan poco los elementos de la industria tradicional con la industria de manufactura o de productos terminados, con distintas formas de organización de la producción y de incorporación de nuevas filosofías de calidad (tema que abordaremos más adelante).

    En Ciudad Juárez también se instaló la empresa Telecom, que utiliza equipos computarizados para la producción de piezas de teléfonos y conmutadores.[25] Con ello se inició la reconversión industrial de las maquiladoras ya establecidas. El establecimiento de grandes maquiladoras continuó ininterrumpidamente en 1989, se amplió tambien el tamaño y nivel de operaciones y el promedio de empleados por planta, y se consolidó hacia 1989 con la entrada de filiales de grandes corporaciones norteamericanas, japonesas y alemanas. Este crecimiento fue agotando gradualmente la mano de obra disponible en la ciudad. En 1984 se inició la contratación de hombres.

    Por otro lado, a nivel regional la maquila inició su descentralización hacia 1979, aunque desde octubre de 1972 existía la reglamentación para ampliar el estable­cimiento de la industria maquiladora en todo el territorio nacional y no sólo en la zona fronteriza (con excepción de las áreas de elevada concentración industrial).[26] No fue sino hasta marzo de 1975 cuando se instaló en la ciudad de Chihuahua la primera maquiladora, con la cual comen­zaron las operaciones en el parque industrial Las Américas. En 1976 arribó la Honeywell, y para 1980 existían en la capital del estado, 15 plantas maquiladoras, generadoras de cerca de 5 300 empleos, 13 de ellas en el parque Las Américas.

    En 1980 el gobierno del estado, por medio de su organis­mo descentralizado, Desarrollo Social, promueve la creación de parques y zonas industriales; de ahí se urbanizó una extensa área del ejido Nombre de Dios. Al mismo tiempo, en Delicias se iniciaban gestiones para expropiar terrenos ejidales y convertirlos en un gran parque indus­trial. Trámites similares se realizaban en Parral y Nuevo Casas Grandes. Este fenómeno de relocalización se dio incluso en los inicios de la crisis estadounidense de los 80, situación que no frenó este proyecto.

 

Los años noventa

    En Ciudad Juárez, el crecimiento de la industria maquiladora no ha sido el mismo desde los años 90. Se ha mantenido apenas un crecimiento moderado: el creci­miento de la maquiladora local fue de seis por ciento con respecto al año anterior; para 1991 Ciudad Juárez empezó a resentir nuevamente los problemas económicos por la recesión en Estados Unidos. En 1990 solamente había cinco nuevas plantas ensambladoras, a diferencia de 16 que abrieron sus operaciones durante 1989.

    La recesión no se reflejó de igual manera en todas las ramas de la industria maquiladora. Fue el sector automotriz el que resintió en mayor medida la crisis económica. Según estimaciones de Agustín Yañez, subdelegado de la SECOFI, para enero de 1991 habían cerrado siete plantas maqui­ladoras, todas relacionadas con la fabricación de partes automotrices.[27] También se realizaron descansos alternados en empresas como ESSEX (planta manufacturera de arneses para la Chrysler), la cual descansó a cerca de mil trabaja­dores durante los meses de febrero y marzo del mismo año.[28]

    Arturo Carreón, presidente de la AMAC, consideraba más tarde que esta reducción de personal se debía a estrategias de la rama automotriz, ocupada en adaptarse a un mejor programa para ser más eficientes, como Chrysler y Packard Electric. Estas se liberaron de una línea de ensamble con el objeto de concentrar las estrategias de producción y mercadotecnia para buscar una mayor eficiencia y utilidad en sus operaciones. Por otra parte, algunas empresas suspendieron labores los sábados y domingos, además de los turnos de noche.[29] Otras, como Ensambles Fronterizos y Empresa Reginaldos, repitieron la misma historia y se fueron de la ciudad sin indemnizar a los trabajadores.

    La empresa Promédicos de Juárez canceló su programa de maquila debido a que el mercado de EU cerraba su producción.[30] Es importante mencionar que también se registró un descenso en el número total de personal ocupado en la maquiladora, como resultado de la introducción de métodos más intensivos de capital o por la instalación de empresas con poca participación de mano de obra.[31] Después de la devaluación del peso, de diciembre de 1994, la mano de obra mexicana volvió a ser una de las más baratas del mundo, lo que influyó para que se insta­laran nuevas maquiladoras: para 1996 había ya 330 maquiladoras que empleaban a 168 mil personas.

    En sus 25 años de la llegada la maquiladora a Ciudad Juárez, ha pasado por distintas etapas; las cuales están determinadas por los cambios en la economía norteamericana, los cambios en el valor del peso y a las necesidades de los mercados internacionales. Durante este tiempo, en distintos momentos, la maquiladora enfrentó dos periodos de crisis, en 1974 y 1980. A lo largo de estas etapas, los dueños de las empresas no fueron capaces de responsabilizarse por los efectos que la economía y la saturación de los mercados tuvieron sobre el mercado laboral de la ciudad.

    Las respuestas o soluciones que se presentaron fueron en perjuicio de los trabajadores: se cerraron empresas, se despidieron grandes cantidades de trabajadores, si había exceso de producción se les des­cansaba o se llegaba a un acuerdo de reducción en el pago mientras se normalizaba la situación, si los trabajadores exigían mejorar sus condiciones de trabajo o de vida se les despedía. A excepción de estos dos momentos, la maquiladora ha mantenido un crecimiento sostenido, de manera distinta a la industria nacional.

    A partir de 1983 la maquiladora presenta algunos cambios estructurales, inicia su expansión en el estado de Chihuahua y ciudades importantes del país. Presenta cambios en los procesos de producción y en los sistemas. Aunque la industria maquiladora ha presentado un ritmo de crecimiento en plantas y número de empleados, así como en derrama económica, varios de los sectores que la componen aún presentan algunos rasgos de vulnerabilidad a cause de los cambios en la economía norteamericana, de sus débiles alianzas comerciales con las empresas ma­trices y de la situación del peso frente al dólar. Y es en estos momentos que muestran su poco compromiso con las necesidades internacionales de desarrollo.


[1] Oscar Martínez, Ciudad Juárez: El auge de una ciudad fronteriza a partir de 1848, FCE, México, 1982

[2] El programa fue oficalmente denominado Programa de Aprovechamiento de la Mano de Obra Sobrante a lo Largo de la Frontera con Estados Unidos.

[3] Thomas Madison, ReseTa annual de la industria maquiladora, SUGUMEX, México, 1990.

[4] Idem.

[5] "La Frontera norte, dianóstico y perspectivas", Dirección General de Estadística, S.I.C. s/f, mimeo.

[6] Ibid., p. 55.

[7] Idem.

[8] El Fronterizo, 2 de julio de 1971.

[9] Idem.

[10] Ibid., 25 de agosto de 1974.

[11] Ibid., 19 de diciembre de 1994.

[12] Algunas plantas que recurieron a las suspensiones temporales fueron Centralab, Essex, SESA, Banda Ggrande. Ibid., 14 y 19 de diciembre de 1974.

[13] Ibid., 4 de agosto y 1 de septiembre de 1975.

[14] En Ciudad Juárez, inicia operaciones tres nuevas plantas maquiladoras, New-Mex, Mec de México y Manufacturas Baher. Ibid., 30 de junio de 1977. "La Ggeneral Motors se instala en Ciudad Juárez", Ibid., septiembre de 1977.

[15] Declaración de Federico Barrio Terrazas, director del grupo industrial Bermúdez, Ibid., 15 de diciembre de 1977.

[16] Ibid., 7 de julio de 1978.

[17] Ibid., 20 de diciembre de 1978.

[18] Ibid., 30 de marzo de 1979.

[19] Luis Reygadas, en "LA organización del trabajo en la industria maquiladora", capítulo para el libro en preparación Historia General de Chihuahua. Periodo contemporáneo, octubre de 1991 (mimeo), presenta un cuadro de las maquiladoras de autopartes en el estado de Chihuahua, en 1988.

[20] Estas fueron declaraciones del licenciado Ttomás Bustamante Moreno de la JLCA, El Fronterizo, 11 de junio de 1980. Alrededor de 20 empresas maquiladoras efectuaron reducciones de una semana a seis meses, entre ellas SM, Welmex, Boss de México, Vestamex, Capistrano, Sinergía. Otras suspendieron temporalmente las actividades. Ibid., 26 de julio de 1980.

[21] Samsonite despide a 800 trabajadores, Diario de Juárez, 21 a 24 de agosto de 1981. La empresa Ampex también despidió a 126 trabajadores, en Ibid., 19 de septiembre de 1981.

[22] Algunos casos: PEDSA redujo su jornada de trabajo cuatro semanas y pagó un salario de tres días más el séptimo día completo y la mitad de el tiempo no trabajado; Vefsa descansó a 492 trabajadores durante dos semanas, con un pago de 50 %; CC de México redujo su jornada a 575 trabajadores a seis mese con el pago de 50 %; lo mismo sucedió con otras empresas como Juarmex y SEC Compañía Armadora. Ibid., del 17 de mayo de 1982.

[23] Ibid., 8 de enero de 1983.

[24] Declaración de José Manuel Luna, promotor de AMACH, Novedades, 20 de enero de 1985.

[25] Diario de Juárez, 18 de abril de 1984.

[26] Declaración de Ebrique Cárdenas González, de la SHCP, El Fronterizo, 11 de noviembre de 1972

[27] Diario de Juárez, 26 de enero de 1991, p. 1B.

[28] Guadalupe Ramos, Norte, 9 de febrero de 1994, p. 4A.

[29] Diario de Juárez, 7 de febrero de 1991.

[30] Ibid., 22 de mayo de 1991. Promédicos de Juárez deja sin empleo a 350 empleados entre personal productivo, técnico y administrativo, Norte, 25 de mayo de 1991.

[31] Según declaraciones de Oscar Várels Ferrer, director de CEESP. Diario de Juárez, 24 de junio de 1991, p. 8B.

 

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